jueves, 17 de julio de 2014

Sara—fortalecida por la fe



“Por la fe…Sara”
“Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.” (Hebreos 11:11).

Sara fue la esposa del hombre que poseyó una de las grandes promesas que un hombre puede tener. Cuando Dios primero llamó a Abraham en Génesis 12, Él prometió hacer de él una gran nación y bendecir a todas las familias de la tierra a través de él. En el siguiente capítulo, Dios le dijo a Abraham que haría su simiente como el polvo de la tierra, dando a entender que sus descendientes serían innumerables. Dos capítulos después, Dios le llevó fuera en la noche y le dijo que contara las estrellas. ¡Ese era el número de hijos que tendría!

El problema con estas promesas era que Abraham y Sara no tenían hijos. A menudo nos identificamos a Abraham en su lucha para aceptar las promesas de Dios. Pero parece razonable que Sara luchó también, porque ella participó en el problema. Los años pasaron hasta que ella tuvo noventa años y se hallaba más allá del tiempo de tener hijos, sin embargo ella no tenía hijo. Su fe fue probada severamente cuando oyó las promesas, pero no tenía hijo en cumplimiento de estas. 

Sin embargo Sara es nombrada como un miembro en la gran nube de testigos porque, en su vejez, ella recibió, por la fe, la fuerza para convertirse en madre. Ella junto con otras mujeres en Hebreos 11, muestra que Dios llama también a las mujeres a una útil vida de fe. 

¿Te sientes débil? ¿Eres incapaz de comprender lo que Dios ha prometido? ¿Habitas en el calabozo de la desesperación, imaginando que las buenas cosas de la vida ya han pasado de ti? Para ti, la vida de la fiel Sara brilla como un rayo de esperanza. Por la fe tú también puedes recibir la fuerza para ser y para hacer lo que Dios desea para ti.

“Dijo Saraí...Jehová me ha hecho estéril”
“Dijo entonces Saraí a Abram: Ya ves que Jehová me ha hecho estéril; te ruego, pues, que te llegues a mi sierva; quizá tendré hijos de ella. Y atendió Abram al ruego de Saraí.” (Génesis 16:2).

El viaje de Sara a una fe fructífera nos ofrece lecciones y entendimiento. Los muchos años antes de que su fe se convirtiera en realidad muestran algunas de las dificultades de la fe. Sus luchas pueden instruirnos y animarnos.

Sin duda alguna, Sara conocía bien la promesa de Dios a Abraham. Dios había renovado la promesa en numerosas ocasiones. Sin embargo Abraham mismo pidió: “Señor Jehová, ¿Qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer? (Génesis 15:2). No hay duda de que Abraham y Sara sintieron frustración. Aún bajo circunstancias normales, el no tener hijos era decepcionante. Además de eso, el tener una promesa en marcha, pero todavía sin hijo y con los años pasando, lo hicieron aún más difícil.

El tiempo transcurría. Cuando Sara tenía setenta y cinco años, todavía no tenía hijo. Ella empezó a pensar sobre cómo podría ayudar a cumplir la promesa. Así que ideó el plan que se indica en el versículo anterior.

¿Consiguió Sara los resultados deseados? Sí, la sierva concibió. Pero, no, ella pronto descubrió que había intercambiado una serie de problemas por otra, y su frustración solamente se incrementó. La actitud de la sierva de Sara cambió. “…y cuando [Agar] vio que había concebido, miraba con desprecio a su señora.” Un fuerte resentimiento surgió entre Agar y Sara.
Abraham se encontró atrapado entre su esposa y su sierva. Él le dio a su esposa rienda suelta en el conflicto. “He aquí, tu sierva está en tu mano; haz con ella lo que bien te parezca.” Sara trató tan severamente con Agar que ella huyó al desierto. Pero eso no resolvió el problema de Sara. Un ángel envió a Agar de vuelta a su señora. Aunque la tensión entre las dos mujeres se calmó por un momento, nunca desapareció del todo.

Esa no era la manera en la que Dios deseaba cumplir Su promesa. Él planeó dale a Sara un hijo. Pero ella se había vuelto impaciente y frustrada. Al tratar de encontrar una solución, ella sólo agrandó el problema. Su solución produjo un empeoramiento de larga espera e irritación. El conflicto entre las dos madres y sus dos hijos se convirtió en la ilustración de la lucha entre la carne y el espíritu, los hijos de la libre y los hijos de la mujer esclava (Gálatas 4:28-31).

Con esto decimos que no siempre es fácil esperar en Dios. Otros han tenido el mismo tipo de lucha. Otros también han reafirmado su ingenuidad humana. La nuera de Sara, Rebeca, y su nieto Jacob están entre ellos. Una vez el rey Saúl decidió que no podía esperar más la llegada de Samuel, así que se “forzó” a sí mismo a ofrecer el sacrificio prohibido. Los resultados en todas esas situaciones iban desde insatisfactorios hasta muy trágicos.

Todavía es lo mismo—esperar en Dios puede parecer difícil. Pero no esperar en Dios es mucho más difícil a largo plazo. Podemos fácilmente meternos en el camino de Dios y complicar las cosas. El apóstol pablo lo dijo así: “No desecho la gracia de Dios.” (Gálatas 2:21). Él quería cooperar con Dios y no meterse en Su camino. Una fe frustrada siempre estorbará la obra de Dios.

“Se rio, pues, Sara entre sí”
“Y le dijeron ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda. Entonces dijo,…he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él…Se rio, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo? (Génesis 18:9-12).

Aunque Sara hizo lo que hizo, Dios no alteró Sus planes. Tal como lo hace a menudo con todos nosotros, Él siguió trabajando con ella.

Pasaron cerca de trece años. Dios se apareció de nuevo a Abraham y le dijo que Sara tendría un hijo. Eso fue demasiado para él. ¡Un padre a los noventa y nueve y una madre a los noventa! “Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rio” (Génesis 17:17). Desde el punto de vista humano, la idea de Abraham fue razonable, porque ellos eran “de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres.” (Génesis 18:11). Quizá por eso Abraham dijo: “Ojalá Ismael viva delante de Ti.” Pero Ismael nunca podría ser el hijo de la promesa.

Tres visitantes vinieron a Abraham. Él les dio la bienvenida real que usualmente le daba a los visitantes. Pero pronto se dio cuenta de que ellos eran visitantes inusuales. Uno de ellos tenía un mensaje especial: “He aquí, que Sara tu mujer tendrá un hijo.” Sara escuchó. Esta vez ella se rio—para sí. Probablemente fue como una risa triste, porque ella se había decepcionado tantas veces que apenas si se atrevía a arriesgarse de nuevo a enfrentar el dolor.

La respuesta de Sara no fue aceptable para el Señor, porque Él deseaba estimular su fe. Cuando Sara negó haberse reído, El Señor le dijo: “No es así, sino que te has reído.” ¿Por qué era tan importante si ella se había reído o no? Mientras ella luchaba con la duda, Dios estaba trabajando para fortalecer su fe. La llegada de Sara a la fe puede parecer un lento, lento proceso… hasta que nos encontramos nosotros mismos en circunstancias similares. 

La Biblia no nos dice todo lo que pasó en el corazón de Sara. Pero en algún momento la fe de Sara dejó de ser vacilante. ¿Cómo lo sabemos? Se nos dice en Hebreos 11:11 que “Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir”; en algún punto, ella “creyó que era fiel quien lo había prometido.” Ella respondió favorablemente al llamado de Dios para ejercer la fe. 

Podemos tomar ánimo en el hecho de que Dios todavía obra con la fe vacilante. Él ansia que nosotros creamos, para que Él pueda guiarnos. Como Sara, que dejó de creer a sus dudas y empezó a creer a Dios, asimismo podemos llegar a la fe que a Él le agrada.  

“Sara…Creyó que era Fiel”
“Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella” (Génesis 17:16).

La vacilante fe de Sara se convirtió en una fe fructífera. Dios recompensó sus agonizantes luchas.

¿Cómo podrían Abraham y Sara tener un hijo a su edad? ¿Acaso Dios los rejuveneció en salud y apariencia? Abraham tuvo más hijos después. Después de la muerte de Sara, cuando tenía 137 años, tomó a Cetura por mujer y tuvo seis hijos (Génesis 25).  

¿Cómo fue con Sara? Ella murió a los 127 años, alrededor de treinta años después de que Isaac naciera. Génesis 20 nos dice que, mientras Abraham habitó como “forastero en Gerar”, el rey Abimelec hizo lo que por derecho les estaba reservado a los reyes: tomó a Sara por mujer. No podemos culparlo, porque Abraham había dicho que ella era su hermana. ¿Pero estaba Abimelec ansioso por mujeres que se veían de larga edad? ¿O acaso Dios hizo que Sara se viera mucho más joven que sus años reales? Probablemente sí.

Esos detalles no son tan importantes. Lo que sí es importante es que Sara concebiría y daría a luz a un hijo. Su nombre sería Isaac; él sería el hijo de la promesa. ¡Su fe la hizo fructífera! Era el tiempo de gran regocijo.

Podremos criticar la lentitud de Sara para creer las promesas de Dios. Pero no deberíamos concluir que su lentitud de fe haya sido lo que impidió que su hijo naciera mientras ella era joven. Dios quizás haya esperado deliberadamente hasta que se necesitaba sólo un milagro para que ese niño naciera. Él quería que la descendencia de Abraham y Sara se diera cuenta de que ellos eran un pueblo peculiar.

La utilidad de Sara no terminó cuando Isaac nació. Ella tenía el conocimiento que Abraham necesitaba. En el banquete del día en que Isaac fue destetado, Sara vio que Ismael se burlaba de Isaac. Ella urgentemente le dijo a Abraham: “Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo.” 

Abraham se preocupó ante esto. Después de todo, Ismael también era su hijo. ¿Acaso fue esto un mero celo de madre y prejuicio por parte de Sara?

Dios dijo que Sara estaba en lo cierto. Tal vez Sara tuvo la visión para darse cuenta de que la simiente de Isaac sufriría por la influencia de Ismael. Como haya sido, ella fue útil en ayudar a Abraham a tomar decisiones duras. Ella ayudó a salvaguardar el bienestar a largo alcance de esta nación que Dios estaba produciendo por medio de su hijo, Isaac. Las esposas fieles y las madres con una percepción espiritual son un tremendo recurso en ayudar a que sus esposos vean los problemas en la luz apropiada. Un esposo sabio estará agradecido por ello.

Pedro declaró la utilidad de Sara en otra manera. “De la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien” (1 Pedro 3:6). En efecto, Pedro llamó a Sara “La madre de los fieles”. Ella se volvió útil como una madre espiritual y ejemplo para muchos, muchos hijos e hijas.

Sara muestra que esperar en fe paciente en el tiempo de Dios puede hacer más que los planes humanos. Ella demostró la fe para todas las mujeres cuyos deseos son demorados o negados. Ella demuestra que la fe es la respuesta. Nuestras frustraciones humanas y vacilantes en última instancia pueden llegar a ser fructíferas—si es que nosotros, como Sara, recibimos fuerza por medio de ejercer la fe.

Por David G. Burkholder
Traducido por Marco A. Barajas.

Cantos:
Dios mío, Padre mío, nombre Bendito,
¡Oh, que pueda llamarte mío!
Y que con dulce confianza pueda participar
De porción tan divina.

Sólo eso puede controlar mis temores
Y alejar mis pesares;
¿Qué mal podría dañar mi alma
Si estoy bajo el ojo de mi Padre?

Lo que Tu Providencia me niegue
Con resignación lo aceptaré;
Porque Tú eres Bueno, Justo y Sabio;
Rendiré mi voluntad a Ti.

Lo que Tu voluntad sagrada ordene
Ayúdame a obedecer y sobrellevar,
Y hazme saber que mi Padre reina,
Y que confíe en Su tierno cuidado.
-Anne Steele



Dios promete cosas tan maravillosas.
Pero yo, cual Sara, me impaciento y a veces trato
Algún esquema propio, hasta que cosecho el dolor amargo.
Señor, ayúdame en mi incredulidad.

Dios ve mi fe, aunque vacilante y tenue,
Y como a Sara, me atrae a Sí.
Lloro ante Él con un clamor penitente:
Señor, ayúdame en mi incredulidad.
-Autor anónimo