viernes, 30 de mayo de 2014

Abel – el Justo


“Por la fe Abel”
“Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella.” (Hebreos 11:4).



El primer hombre mencionado en la lista de la gran nube de testigos lo reconocemos como el primer mártir por su fe. Conocemos muy poco sobre de los detalles de su vida. Los estudiosos de la Biblia ofrecen numerosas especulaciones sobre su edad y sobre otras comparaciones con su hermano Caín. Dios no debe haber considerado estos asuntos importantes, o Él nos los hubiera revelado. Él nos permite examinar a través del registro divino para encontrar la verdad pertinente por nosotros mismos.

Notemos algo muy importante aquí. De todos los Héroes en Hebreos 11, sólo Abel tiene la distinción de ser llamado justo. El mismo Señor Jesús también lo llamó justo en Mateo 23:35. ¿Significa esto que él fue el único justo entre la nube de testigos? Difícilmente.

El significado de llamar al primer “Héroe” justo, podría sugerir el afán de Dios de mostrar lo que la fe hace por las personas. Dios declara a Abel justo como un precedente para todos aquellos que ponen su fe en Dios y que viven por esa fe. Por ejemplo, la Biblia se refiere aquí y allá a otras personas que han obtenido una posición similar. Noé “fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe” (Hebreos 11:7). “Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia” (Romanos 4:3). Podemos también poner nuestros nombres en la lista si ejercemos la fe personal adecuada en Dios. Eso es lo que Romanos 5:1 dice: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

¿Estamos haciendo esto lo suficientemente personal? El glorioso mensaje para ti y para mí es este: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. (Efesios 2:8-10). La oportunidad de la misma aceptación de Dios está abierta para todos los que ejercen la fe de la misma calidad que Abel ejerció.

Este principio de la fe debería motivar nuestras vidas. Por medio del Sacrificio de Cristo y del Espíritu Santo, existe una provisión ya dispuesta para nosotros para que podamos negarnos a nosotros mismos, crucificar nuestra carne, tener la victoria, y andar en las buenas obras que Dios ha ideado para nosotros. Sólo falta nuestra respuesta a las exigencias de Dios sobre nuestras vidas, y nuestra confianza absoluta e infantil en Él. ¿Lo estamos haciendo así?

“Abel. . . Alcanzó testimonio
De que era Justo”
“Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;  pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya.”  (Génesis 4:4,  5).

Abel, el primer individuo nombrado en la gran nube de testigos, vivió por la fe. Hebreos 11:4 ofrece dos elogios básicos del fiel Abel. El primero de estos (que es el tema de ésta y de la siguiente sección) es que él “alcanzó testimonio de que era justo”.

¿Cómo es que Abel alcanzó tan notable testimonio? El ofreció un sacrificio que Dios podía aceptar. La Biblia contrasta su ofrenda con la de su hermano Caín. ¿Qué hizo la diferencia? ¿Fueron las diferencias de su oficio? El breve registro de Génesis 4 nos dice que Abel era pastor de ovejas, y Caín era labrador de la tierra. Mucha gente en aquellos días probablemente tenía una de estas dos ocupaciones. Dios no consideró a cualquiera de las dos superior sobre la otra; Caín pudo traer un sacrificio tan aceptable como el de Abel.

¿Acaso el error de Caín  se halla en traer del fruto de la tierra en vez de traer un sacrificio de sangre para su ofrenda?  Tenemos buenas razones para creer que este era un factor. Pero  ¿Acaso Dios consideró solo esto? Supongamos que Caín hubiera traído un animal perfecto tal y como Dios lo había prescrito. ¿Habría estado todo bien?

¿Qué quiso decir Dios cuando le preguntó a Caín, “Si bien hicieres…”? ¿Acaso Dios limitó su significado al sacrificio, o Él  incluía al hombre completo? Evidentemente Él ve a ambos: al hombre y a la ofrenda del hombre. “Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya.”

¿Cuál es más importante para Dios? La primera y correcta respuesta es el hombre. ¿Será entonces que la ofrenda no importa para Dios, si el hombre es aceptable? La respuesta a esta pregunta nos da un importante principio espiritual. Si el hombre es recto y justo, el traerá un sacrificio recto y justo. El trato de Dios con Caín ilustra mejor este punto. ¿En dónde empezó Dios a trabajar con Caín? Él no se dirigió a la ofrenda. Él se dirigió al hombre – a Caín, que estaba endurecido (ensañado) y con su semblante decaído.

Un factor básico para ser justo es tener un esfuerzo honesto en hacer lo recto. La fe que agrada a Dios siempre produce acciones rectas, no sólo palabras. Dios lo declaró de esta manera en relación con Abraham en Santiago 2:22- “¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?” Abel trajo una ofrenda aceptable porque su corazón era recto.

¿Es mi corazón recto para con Dios? ¿Estoy presentando mi cuerpo “en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios que es [mi] culto racional.”?  ¿Estoy permitiendo que Él me purifique de cualquier pensamiento impuro, de cada motivo insincero, y de cada actitud no santificada?  Si algún día quiero pararme en justicia delante de su santo trono, tengo que vivir hoy en justicia delante de Él.

“Abel… trajo de
Los primogénitos de sus ovejas”
“Dios es Espíritu; y los que adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren.” (Juan 4:24).

Examinando más a Abel y a su sacrificio, podríamos preguntarnos cuáles eran sus intenciones. ¿Acaso el pretendía ganar un nombre para sí mismo y/o ganarse el favor de Dios, por medio de ofrecer un animal de primera categoría? ¿Acaso estaba deseando exaltarse a sí mismo? No. Sabemos que tenía razones más profundas que eso.

Abel trajo una ofrenda aceptable porque su corazón era justo y recto. Sin duda alguna él sabía que un sacrificio aceptable requería de sangre. Probablemente comprendió que Dios había derramado la sangre de los animales para vestir a Adán y a Eva después de haber pecado. Sin embargo, él comprendió, no solamente qué tipo de sacrificio traer, sino también cómo traerlo.

Podemos estar seguros de que Abel vino en reverencia. Su corazón era como su sacrificio: excelente. Él sabía que Dios es digno de lo primero y de lo mejor, pero que él mismo (Abel) era indigno.

El corazón preparado adecuadamente, junto con el sacrificio que ofreció adecuadamente, cualificó a Abel para ser llamado justo. Su ofrenda mostró su fe en el Redentor venidero que sería su sacrificio perfecto. Su fe en el Redentor mostró la única base para la justicia ante Dios. Abel se convirtió en un pionero de los fieles. El demostró lo que es la verdadera adoración. Así, Abel está a la cabeza de una larga línea de hombres y mujeres que adoran.

¿Estamos siguiendo las pisadas de Abel? ¿La adoración tiene prioridad en nuestras vidas? Si queremos estar entre los justos de nuestros días, debemos sentarnos diariamente a los pies de Jesús e inclinarnos ante el trono de su gracia. La adoración en el hogar debe ser constante e inspiradora. Reunirnos con los santos como hermandad debe ser tan importante para nosotros que de hecho rara vez lleguemos tarde o estemos ausentes.

 “Y muerto, aún habla por ella”
“Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé, ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Y Él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Génesis 4:9,10).

El justo Abel murió una muerte cruel en manos de su airado hermano. ¡Pero su muerte no fue su final! La segunda parte del elogio divino (que es el tema de estas dos últimas secciones sobre Abel) confirma que Abel sigue vivo.
¿Puede un hombre muerto hablar? ¿Qué quiere decir Dios cuando dice que Abel todavía habla? El mensaje obvio era que Abel había obtenido justicia por la fe. La sangre de este hombre muerto también estaba clamando que la muerte no es el final. ¡Qué manera vívida de Dios para declarar que la vida no termina cuando una persona muere! Caín no se deshizo de Abel matándolo. Su palabra estaba todavía muy viva. Su sangre estaba clamando.
¿A quién clamaba la sangre? ¡Dios dijo que la sangre de Abel estaba clamando a Él! ¿Qué clamaba la sangre? ¿Clamaba por venganza? No necesariamente desde el punto de vista de Abel. Pero Dios lo vio desde su propio punto de vista. Él vio cómo Caín había derramado la sangre de su hermano por enojo, rechazando la acción y la actitud que Dios le había mostrado que eran necesarias. Y Dios no miró para otro lado. Él le dio a Caín una fuerte sentencia de castigo, señalando que no va a dejar que la sangre inocente entre en un silencio eterno.

Apocalipsis 6:9-11 muestra además que Dios nunca desde entonces ha mirado el otro lado. “Vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y  verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?... y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo.” En su propio tiempo y manera, Dios hará justicia y retribución.

La muerte de Abel marcó un nuevo capítulo en la historia de la humanidad. Desde ese día, siempre ha existido la enemistad entre aquellos que rechazan y aquellos que persiguen el camino de la aprobación de Dios. Esta enemistad continuará mientras que Dios permita que la justicia y la injusticia habiten juntas.

¿Has sentido el aguijón de esa enemistad? Tal vez has sido acusado de ser demasiado conservador, de tener una actitud de “soy más santo que tú”, o de tener una religión de obras. Quizás algún incrédulo que desafía a Dios ha tratado de intimidarte por tu fe. Incluso es posible que hayas sentido (o sientas todavía, o estés por sentir) los nudillos de un hombre airado, la impotencia de ser encarcelado, o el terror de una cámara de tortura. La sangre de Abel clama para que continúes proclamando el evangelio con valentía. Tu puedes “sufrir penalidades como un buen soldado de Jesucristo” descansando en Aquel que ha dicho, “Mía es la venganza, yo pagaré.”

“La sangre… que habla mejor…”
“Sino que os habéis acercado… a Jesús el Mediador de un nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.” (Hebreos 12:22, 24).

Sí, la sangre de Abel clama—y continúa clamando—que el hombre puede obtener justicia por medio de la fe, que la muerte no es el fin, y que Dios va a vengar toda sangre inocente. En la sangre de Abel escuchamos también un clamor de que se necesitaba una expiación futura. Dios declaró justo a Abel. Pero Abel no se había librado a sí mismo del título de propiedad de Satanás sobre los hombres, el cual pasó a toda la raza humana por la desobediencia de sus padres. Él no podía hacer eso, sin importar lo bueno que fuera o el número de sacrificios que trajo. Él fue tan lejos como lo que un hombre antiguotestamentario podría ir,  y tuvo muerte tan noble con la que un hombre podría morir. Sin embargo el rescate definitivo del captor Satanás no había sido alcanzado. Ahora la sangre de Abel clama a Dios por el sacrificio perfecto que sólo el Hombre Perfecto, Jesús, podría hacer. Y Abel habla a todos los que esperaban la redención completa y final.

¿Cuál es entonces la palabra pertinente para nosotros hoy? Es esta. Dios acepta a los que vienen a Él por fe. Justo después de contarnos acerca de Abel en Hebreos 11, Dios dice, “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”

Cuando las personas vienen a Dios andando en la luz y con fe en la sangre del Cordero perfecto de Dios, el Señor Jesucristo, Él los recibe. Cuando la gente busca a este Dios y busca agradarle, Él los recibe. Agradarle es obedecerle. El resultado no es sólo una persona justa sino también acciones justas. Este es el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo en términos prácticos. Es la revelación de la actitud de Dios hacia los que le buscan con fe.

La sangre de Abel habla mucho. ¡Pero hay una mejor sangre que habla mejores cosas! Dios otra vez aquí nos llama a escuchar la voz de gente como Abel y a dirigirnos al Señor Jesucristo, el Autor y Consumador de la fe. Él era el objeto de la fe de Abel. Él debe ser el objeto de nuestra fe para andar en la luz y recibir Su limpieza. Nuestra respuesta de fe puede entonces agradar a Dios y darnos la aprobación delante de Su trono.

Por David G. Burkholder
Traducido por Marco Antonio Barajas Gómez


Cantos:

Eterno Padre, cuando a Ti, Más allá de todos los mundos, por fe, me elevo, Ante tu majestad infinita, Me postro en silencio y adoro. Pero, Salvador, Tú estás a mi lado, Tú voz escucho, Tú rostro veo, Tú eres mi Amigo, Mi guía diaria, Dios por encima de todo, pero aún así conmigo. Y Tú, gran Espíritu, en mi corazón Haz tu templo día a día; El Santo Espíritu de Dios eres Tú, Habita aún en esta casa de barro. Bendita Trinidad, en quien solamente Todas las cosas creadas se mueven o reposan. Arriba en los cielos tienes Tu trono; Tu trono tienes también dentro de mi pecho.

                               —Hervey D. Ganse


Lávame, Oh Cordero de Dios, Lávame del pecado; Por Tu sangre expiatoria, Oh, hazme limpio; Púrgame de toda mancha, Déjame Tu imagen adquirir; Tu amor y misericordia reinen, Sobre todo dentro de mí.

Lávame, Oh Cordero de Dios, Lávame del pecado; Por fe Tu Sangre limpiadora Ahora me limpia: Tan cerca Tú estás de mí. Tan dulce es mi descanso en Ti; Oh bendita pureza, — Salvado, salvado del pecado.

  —H. B. Beegle